«Dos almas no se encuentran por casualidad»


No sé de qué manera entraste, porque yo no abrí ninguna puerta. Mis candados estaban cerrados y aunque en mi memoria hacía menos frío que en tu vida, derretiste con tus besos el iceberg de mi cama. Me encogiste el alma con la mirada y con las manos en voz baja me quitaste de encima la tristeza. Desde que te conozco tengo alas, porque tú me enseñaste como usarlas.

No hay comentarios :